El cultivo de los sabores de Europa

Los cultivos en invernaderos solares de Andalucía son una referencia mundial en el control biológico de plagas

Madrid
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Fuente primordial de vitaminas y minerales, la ingesta de frutas y verduras podría evitar cada año la muerte de cerca de dos millones de personas por enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. La OMS recomienda un consumo mínimo de 400 g diarios, pues gracias a sus sustancias bioactivas, previenen enfermedades crónicas como las cardiopatías, el cáncer, la diabetes o la obesidad. Alimentos saludables que llegan a los hogares de más de 500 millones de europeos desde el sureste español, principalmente de Almería y Granada. De las 30.000 hectáreas de invernaderos solares salen un total de 4,5 millones de toneladas de frutas y hortalizas.

«Existe un gran desconocimiento e informaciones erróneas que ofrecen una imagen de los invernaderos que no es real, cuando se trata de un método de producción que aúna sostenibilidad, calidad y respeto a las personas y al medio ambiente», señala Juan Antonio González, presidente de la Asociación de Productores de Frutas y Hortalizas de Andalucía (APROA), que junto a la Asociación Interprofesional Española de Frutas y Hortalizas (Hortiespaña) y FruitVegetablesEurope (Eucofel) han impulsado la iniciativa «CuteSolar. Cultivando el sabor de Europa en invernaderos solares» -cofinanciada por la UE- con el objetivo de poner en valor la calidad de los productos y los beneficios que aporta a los consumidores este método de producción, destacando el uso eficiente de los recursos, lucha contra el calentamiento global, creación de empleo, garantía y seguridad alimentaria. Francisco Góngora, presidente de Hortiespaña, destaca sus grandes ventajas como «la posibilidad de producir mucho consumiendo muy pocos recursos en cuanto a suelo agrícola y agua de riego. Sólo utilizan la energía limpia del sol, absorben CO2 y tienen efectos positivos sobre el cambio climático, reduciendo la temperatura media debido a su efecto albedo o luchando contra las plagas y enfermedades de las plantas mediante ejércitos de insectos que actúan como depredadores naturales».

Energía del sol

Los invernaderos son un sistema productivo en el que se pueden utilizar equipos de control de clima, como sistemas de calefacción, que conllevan un importante consumo energético. Sin embargo, en Andalucía son «invernaderos solares», ya que el 96% de la energía consumida es de origen solar, sin estar obligados a consumir energías de origen fósil como en otros países europeos. No en vano se ubican en una de las zonas con más cantidad de horas de sol al año: hasta más de 3.300. Pero además, la mayoría realizan el uso exclusivo de la ventilación natural y de la técnica de blanqueo de la cubierta como sistemas de control climático: cada hectárea de invernadero en Almería es capaz de fijar entre ocho y diez toneladas anuales de CO2, o lo que es lo mismo, cada hectárea absorbe la emisión diaria de ocho coches. La ventilación natural permite controlar los valores de temperatura, humedad y concentración de CO2 en el interior del invernadero mientras que el blanqueo de la cubierta supone una reducción de la radiación solar, que se transmite dentro del mismo, lo que permite a los cultivos realizar su actividad fotosintética, y además aporta la energía que calienta las plantas, el suelo y el aire.

Agua y control de plagas

En una zona donde las precipitaciones son escasas, el agua es para los productores un valioso recurso y utilizan técnicas como el enarenado, que reduce la salinidad y tiene una alta capacidad de retención de la humedad y apuestan por el riego por goteo. A ello se están sumando en los últimos años sistemas de recolección de balsas de lluvia que «actúan como potenciadores de la ecología, ya que fomentan la vegetación acuática y la proliferación de fauna asociada», explica Góngora. Los invernaderos solares andaluces también se han convertido en zona de referencia mundial en control biológico de plagas como una apuesta por el medio ambiente, la seguridad y la salud de productores y consumidores. Hoy más de 25.000 hectáreas invernadas emplean insectos para combatir las plagas, en especial en cultivos como el pimiento. «Es un sector que apuesta por la agricultura sostenible, saludable y de calidad, y cuanto más se conozca más seguros y orgullosos se sentirán los consumidores», sentencia el presidente de APROA.

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Vía www.abc.es