El vino como guardián del patrimonio histórico

Turismo enológico en una abadía del siglo XII rehabilitada en la vega del río Duero

Madrid
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Armonía y sosiego son las primeras palabras se sienten al llegar a la puerta del hotel Abadía Retuerta Le Domaine, después de atravesar las hileras de viñedos que reciben a cualquier visitante. Allí, nos espera Enrique Valero, director general del hotel y de una bodega considerada de las más innovadoras y tecnológicamente avanzadas de Europa. «La sostenibilidad es una parte muy importante de nuestra RSC, porque nuestro principal activo es la naturaleza», explica Valero entre los muros de la que fuera la antigua abadía de Santa María de Retuerta, del siglo XII. «Gestionamos dos herencias. Un patrimonio natural, con 700 hectáreas en un valle único dominado por el Duero y un patrimonio cultural e histórico, y nuestra misión es traspasar estas herencias a las siguientes generaciones y en mejores condiciones». Para ello, explica, han interiorizado la sostenibilidad como valor que aúna no solo conceptos ambientales, sino sociales.

Para dar a conocer los efectos que el cambio climático está teniendo sobre el terreno, Abadía Retuerta puso hace años en marcha una iniciativa pionera: «La Academia del Terruño». En ella dan respuesta a cuestiones como la correspondencia entre composición del suelo y sensación de mineralidad; variedades autóctonas y variedades foráneas; levaduras comerciales; fermentación espontánea; viticultura biodinámica, vinos naturales, cambio climático y ciclo vegetativo…

La política de sostenibilidad de esta bodega frente al cambio climático está avalada por el sello Wineries for Climate Protection (WfCP): reducción del consumo de agua acompañada de investigaciones sobre el nivel freático de la finca, reducción energética y del gasóleo en bodega. Para la protección de la biodiversidad, se ha creado un coto micológico, instalando abrevaderos para los corzos, presencia de aves para combatir los insectos y evitar plagas o la reutilización del residuo sólido orgánico, como los restos de uva y hojas utilizados como abono o reducción del packaging de sus vinos son solo algunas de las prácticas.

Porque uno de los proyectos que se han llevado a cabo y de los que Valero habla con orgullo es del huerto orgánico, en el que se siguen los usos de los monjes, y que provee al chef Marc Segarra, al frente del restaurante del hotel, Refectorio (una estrella Michelin) de la mejor materia prima. Además, cuentan con 40 colmenas que producen miel, una iniciativa que además de animar la actividad polinizadora en la finca para repercutir de forma beneficiosa en el viñedo, busca recuperar los productos que los monjes habían producido allí tradicionalmente y, a la par, favorecer el comercio local.

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Vía www.abc.es